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miércoles, 22 de abril de 2009

Capitulo XXIX

Salimos de la casa, y nos internamos en el espeso bosque, la luna brillaba grande en lo alto, la luz se reflejaba en la punta de los árboles, y se filtraba entre las ramas, aclarando las partes bajas, era una noche bastante despejada y para los ojos vampíricos alcanzar a vernos era como pan comido, teníamos que extremar precauciones, pero no teníamos tiempo.

Debíamos que encontrar un teléfono, o alguna otra forma de comunicación con mi familia; sabía que no estábamos tan alejados de mi casa, pero Ángel me aclaró que no podíamos ir para allá, ni a la cabaña, porque estaban vigiladas. Me estremecí al pensar cuantos vampiros estuvieron vigilándonos sin que nos diéramos cuenta.
- Tenemos que encontrar la manera de comunicarnos con mi familia –le dije mientras él intentaba saltar entre árboles y rocas, conmigo en brazos con mucho cuidado para no lastimarme –debemos llegar a la ciudad y buscar un teléfono. No tenemos otra opción.

Entonces Ángel se encaminó cuesta abajo a mayor velocidad. Aunque hubiéramos ido mucho más rápido si los dos corriéramos y él no tuviera que llevarme en brazos, pero si me apartaba de él, los demás vampiros captarían mi olor.

Íbamos con la incertidumbre de no saber que tanto tardarían en notar nuestra ausencia, aunque no podían rastrear el olor de Ángel, aun así eran muchos vampiros que se repartirían por el bosque para localizarnos visualmente. Temblé de miedo… tenemos que lograrlo.

Logre escuchar el río, estábamos cerca, di gracias a los cielos, pronto comenzaríamos a ver los techos de las primeras casas, lo estábamos logrando. La luz de esperanza me hizo sentirme mas fuerte, pero también mucho más alerta, así que claramente logre ver los dos vampiros como borrones que cruzaron por el este, en dirección opuesta a nosotros.

En verdad pasábamos completamente desapercibidos, pensé con alivio, y corrimos con tanta suerte que no lograron vernos, claro estaba que los vampiros y Jane escudriñarían el bosque tratando de localizarnos visualmente, sin apoyarse en el sentido del olfato ni en el del oído, ya que es este caso resultaba completamente inútil.

Ya lográbamos escuchar el movimiento de los habitantes de la población más cercana, casi estaba cantando victoria. Ángel saltó una enorme roca como de 6 metros de alto, para caer en una zona de arbustos pequeños y rocas apiladas, a un par kilómetros de la carretera, faltaban escasos 60 centímetros para tocar el suelo cuando Ángel me soltó bruscamente y cayó al suelo, contrayendo su cuerpo de tal manera que perdía toda proporción humana, y un alarido impresionante salió de su boca. Quedé tendida en el suelo; del pánico, casi jadeaba con la misma intensidad que Ángel, voltee la cabeza para mirar atrás, al tiempo que saltaban detrás de nosotros Jane seguida de los dos vampiros que le servían de escolta.

“Es el fin” pensé, pero a pesar de lo que pudiera pensarse, el pánico no me paralizó, por el contrario, una ira incontrolable, del mismo tamaño, supuse, del dolor que estaba experimentando Ángel, me recorrió todo el cuerpo.

Un rugido espeluznante se escapó de entre mis dientes, todo lo que antes era verde se convirtió en un borrón rojo, sólo veía a Jane quien no apartaba la vista de Ángel, y lo seguía martirizando, fue entonces cuando los dos vampiros neófitos se abalanzaron sobre el cuerpo, ya casi inmóvil de Ángel, para acabar con él.
- ¡No! ¡Ángel no!
El fuerte sollozo recorrió en bosque y se perdió entre los árboles.
No me contuve más, y sin pensar en lo peligroso y suicida que resultaría, salté hacía el cuello de Jane.

Antes de, si quiera acercarme a ella, sentí como si hubiera chocado con una columna de fuego, las llamas invisibles recorrieron mis venas y me impulsaron con toda su fuerza contra el suelo, el dolor era indescriptible, pero la rabia en mí se hizo todavía más grande; gire sobre mi cuerpo, como los felinos al caer, para no golpearme el abdomen contra las rocas y caí en cuclillas. Sentía como si mi piel se desprendiera a jirones y en la carne viva me derramaran acido, aun así no grité, utilicé esa fuerza para abalanzarme sobre Jane de nuevo.

Fue una acción que la tomó completamente por sorpresa, nadie en el mundo que hubiera recibido tal golpe de su poder, podía siquiera levantarse del suelo, mucho menos lanzarse con la fuerza con la que yo le había caído encima, tumbándola de espalda, contra el suelo rocoso; el dolor aumento aun más, si esto era posible, pero aun así no me moví ni un centímetro, apenas Jane alcanzó a levantar un brazo para intentar quitarme de encima, cuando yo ya tenía mis dos manos sobre sus mejillas, trasmitiéndole lo que estaba sintiendo.

Entonces fue Jane la que comenzó a retorcerse, puso los ojos en blanco, y los alaridos que salían de su boca, nada tenían que ver con los seres humanos, es más ni siquiera se escuchaban como un animal; yo dejé de sentir dolor, era como si su poder fluyera a través de mí, como una corriente eléctrica de positivo a tierra, sin que me afectara, concentrándose todo en ella. En un gran acopio de fuerza, trató de sacudirme de encima, pero el dolor la tenía tan debilitada que no logró moverme ni un milímetro.

Los otros dos vampiros se abalanzaron sobre nosotras para intentar apartarme de su cuerpo, pero nada más tocaron mi piel, salieron disparados contra el suelo, retumbando el bosque en un estruendo tal, que parecía que la tierra se hubiera abierto a sus pies.

Jane dejó de gritar y sus dientes comenzaron a chirriar, su cuerpo de piedra comenzó a parecerme blando, en verdad lo estaba disfrutando al punto de la demencia, me estaba convirtiendo en un monstruo parecido a ella, la sed de venganza se apoderó tan fuerte de mí que estuve a punto de morder su cuello para acabar con su vida, sólo un movimiento violento y desesperado dentro de mi vientre, me recordó lo que era, y a lo que pertenecía.

Aparte las manos del cuerpo exhausto de Jane, quien a provecho mi duda para apartarse de mí, en una fracción de segundo se arrastró unos pocos metros hacía atrás, este respiro le ayudó a que su mirada se recargara de ira; al sentirse libre de mis manos buscó apoyo para enderezarse, pero dos enormes patas rojizas la regresaron al suelo con violencia.