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miércoles, 29 de abril de 2009

Capitulo XXXII: Penúltimo Capitulo**

Iba en los brazos de mi padre y no apartaba los ojos de mi niño, era tan hermoso, se había quedado dormido, pobre pensé, lo que había tenido que pasar, prometí que jamás permitiría que volviera a estar en peligro.
En ese instante tomé una decisión que me desgarró el alma, pero sabía que era la única opción.
Todos nos seguían casi a la misma velocidad, Jacob se había vuelto a transformar, así que el lobo rojo iba junto a nosotros sin apartar los ojos de su hijo.
Me sentía tan contenta, mi dicha era casi perfecta, la única sombra que oscurecía mi felicidad era la muerte de Ángel, realmente le había tomado cariño y sobre todo le estaba tan agradecida, le debía la vida no sólo la mía, si no la de mi bebé, mis padres es más hasta la de Jacob. Me costaba mucho trabajo resignarme a que él no hubiera podido sobrevivir a aquel horror.
Me sentía un poco mejor al saber que podía hacerle un pequeño homenaje llamando a mi bebé como él.
A la velocidad que mi papá corría, no tardamos nada en llegar a casa; fue un enorme sacrificio volver a entregarle a mi abuelito a Ángel para que lo revisara, aun así tenía que ver que todo estuviera perfecto con él. A mí me obligaron a recostarme, aunque no me sentía ni siquiera cansada.
Rosalie y mi abuelita limpiaron al bebé, mi abuelito lo revisó y realizó con él, todos los procedimientos pertinentes a los recién nacidos, tomó una muestra de su cabello para analizar su ADN y después de que Alice lo vistió con ropas hermosas, me lo volvieron a entregar.
Me sentía completa al tenerlo de nuevo en mis brazos, el bebé busco en mi pecho, por lo que me aparté la ropa, y su pequeña boquita se prendió de mí para alimentarse. Volví a llorar, era mío y estaba perfecto.
Mi familia no cabía de felicidad, todos se aglomeraron para observar a Ángel; después de que terminó de comer, se quedo completamente dormido, se veía tan tranquilo, como si nada de lo anterior hubiera pasado, le dí gracias a los cielos que así fuera, que él un hubiera salido afectado en nada.
Mi mamá lo tomó en brazos, cuidando en envolverlo en una gruesa colcha, sus ojos estaban llenos de amor, la orgullosa abuela no podía esconder la felicidad de tener a su nieto en sus brazos, mi papá se sentó junto a ella, y con mucha delicadeza acaricio la cabecita del bebé.
Después todos los vampiros se turnaron para cargarlo, todos lo miraban con infinito amor, sabía que nadie lo iba a querer más que mi familia, por lo que el corazón se me estremecía al saber lo que pronto iba a suceder.
Mi abuelito regresó con los resultados de la prueba, quería averiguar si tenía el gen que permitía la trasformación en lobo. No estaba nerviosa, yo lo sabía perfectamente. Mi bebé era descendiente directo del Jefe de lo Quileutes.
Así que no me sorprendió cuando mi abuelito anunció que tenía 24 pares de cromosomas igual que Jacob. Lo único que hizo fue reafirmar mi decisión.
El resto del día pasó tranquilamente, el bebé se despertó cada 3 horas para ser alimentado, a mí solamente me dejaron esa parte, si hubieran podido alimentarlo las vampiras de mi familia, ni siquiera me lo hubieran dejado para eso, de ahí en fuera se peleaban para ver quien le cambiaba los pañales, y quien lo volvía a vestir con ropa diferente.
Cuando el día llegó a su fin, no fuimos a mi antigua habitación en la casa de los Cullen, donde Alice ya había instalado un moisés para el bebé que parecía sacado de un cuento de hadas, pero no reparé en eso, sólo quería esta sola con mi marido y mi bebé.
A regañadientes lo acostaron y se fueron, dándonos nuestro espacio para estar solos.
Ya que durante todo el día poco había tenido que hacer con respecto al bebé, me había concentrado a estar con mi marido, reconfortarlo de alguna manera, pero de los ojos de Jacob no se alejaba la angustia por completo, aun cuando el nacimiento de nuestro hijo, lo había llenado de felicidad, sabía que aun su corazón no alcanzaba de reponerse del horror que vivió a sabernos perdidos y luego en completo peligro.
Lo comprendía muy bien, yo también había sufrido muchísimo, pensando él y nuestro hijo.
Cuando estuve recostada en nuestra cama le extendí los brazos, para que se recostara junto a mí, colocó su cabeza en mi pecho y comencé a acariciar su espalda tratando de hacerlo sentir mejor.
Jake comenzó a besarme con mucho cuidado, después de todo para él, recién había dado a luz, pero yo no me sentía mal, por el contrario, quería con todas mis fuerzas que me hiciera el amor.
Así que me di media vuelta y me acosté sobre él, comencé a besarlo con mucha urgencia, casi con desesperación; Jacob seguía tocándome con cautela, hubo un momento en que llegué a desesperarme, me levanté quedando sentada encima de él y me quité la blusa.
Jacob me miraba con los ojos muy abiertos, sin reaccionar.
- ¿Que pasa mi amor? –de repente me sentí cohibida, ¿por qué no quería tocarme? Mi corazón comenzó a latir presa del pánico.
- Cielo, no está bien, podría lastimarte…
Me reí para mis adentros; lógicamente Jake me veía como una parturienta, la risa transparente invadió la habitación, y nos relajó a los dos. ¿Cuándo iba a entender Jacob que yo no era una humana normal?
Puse mi mano en su mejilla, le mostré exactamente como me sentía, la urgencia que tenía de que me tomara en sus brazos y me hiciera el amor, eso sería con lo que culminaría perfectamente el día mas maravilloso de mi vida.
Jacob no esperó más, volvió a depositarme sobre la cama, y tan rápido pero delicadamente mi ropa terminó en el suelo. La suya no corrió tan buena suerte, ya que yo la hice tiras en un segundo.

Mucho tiempo después, cuando inevitablemente el cansancio nos venció, quedé recostada en su pecho, me sentía plena, feliz, no sentía miedo, sabía que de ahora en adelante podía defenderme de lo que fuera, pero aun así, no quería exponer a mi hijo al ningún peligro y sabía perfectamente que era algo inevitable al estar rodeado de vampiros.
Sabía lo que teníamos que hacer, aunque me dolía en el alma, pero mi bebé era humano, pero había heredado la capacidad de transformarse en lobo como Jake ¿Qué iba a pasar con eso si el bebé vivía rodeado de vampiros? ¿En el primer berrinche tendríamos un lobezno de 3 años?
Eso era por un lado, por otro mi familia aunque luchaban por contener su instinto, aun así el olor de sangre humana era tan irresistible que los hacía sufrir físicamente, que pasaba que mi niño, como todos se caía y se cortaba, no quería pensar en el horror que resultaría para ellos desear matarlo.
Y luego los demás vampiros, los que eran amigos pero aun su dieta era a base de sangre humana y peor aun los que no eran amigos. Toda la vida nos la íbamos a pasar temiendo que alguien llegara a hacernos daño, atacando al miembro más frágil de nuestra familia.
Era algo que no podía permitir, vivir en una angustia constante, exponiendo a ese ser que dependía completamente de mí.
Alcé la cabeza para ver si Jacob seguía despierto, él seguía acariciando suavemente mi espalda, pero pensé que talvez lo hacia como un reflejo entre sueños.
Pero el seguía despierto, me miró con los ojos llenos de ternura, sentí alivio al ver que la angustia los había abandonado por completo. Le sonreí y luego me incorporé para besarlo delicadamente.
- Perrito –de repente se e cerró la garganta, la decisión que había tomado definitivamente no era fácil, al contrario me rompería el corazón y a mi familia también.
- ¿Qué pasa mi amor?
Respiré profundamente, y continué.
- Quiero que nos vayamos a vivir a La Push –el nudo en la garganta me quebró la voz. Y Jacob me observo por un rato, aunque al parecer no necesitaba de muchas explicaciones, sin decírselo estaba entendiendo mis razones.
Sabía que eso implicaba alejarme de mi familia por completo, pero talvez pensó que podríamos mantener contacto, nos reuniríamos de vez en cuando en algún lugar para que vieran a Ángel, pero yo sabía perfectamente que no podía ser así.
El llanto se apoderó de mí al darme cuenta, entonces me fue imposible seguir hablando. Puse mi mano en su rostro, y lo dejé ser participe de mis pensamientos. Los ojos de Jacob también se llenaron de tristeza pero sabía perfectamente que no podíamos permanecer más con mi familia.