Mostrando entradas con la etiqueta Capitulo XXIV. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Capitulo XXIV. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de abril de 2009

Capitulo XXIV

Todo el tiempo en que corrimos por el bosque, mi bebé se había movido intranquilo dentro de mi vientre, seguramente no comprendía por qué me encontraba tan angustiada, no era justo, el pobre no tenía la culpa de nada, y ahora le iban a hacer daño, alguien que seguramente quería hacerle daño a mi familia o a mí.
Yo no pude encontrar consuelo y después de comprobar con agonía, que nadie iba a poder seguirnos la pista, creo que hasta por un instante perdí el conocimiento.
Al darme cuenta maldije para mis adentros, no podía darme el lujo de ser tan débil. No podía contar con la participación de mi familia, ellos no iban a poder encontrarme, tenía que salir de esto sola. Tendría que ser fuerte, no sabía qué, pero iba a hacer hasta lo imposible, pero no permitiría que nadie dañara a mi bebé.

La carrera comenzó a ser más lenta, el vampiro neófito comenzó a disminuir la velocidad poco a poco, hasta que termino por sólo caminar.
Fue hasta entonces que logré ver una casa de dos pisos a medio construir hacia la cual nos dirigíamos, estaba invadida por las plantas del bosque, se veía oculta entre la maleza y sólo tenía algunos cristales rotos de la parte superior, que todavía permanecían en las ventanas, reflejaban la escasa luz del sol del atardecer.

El terror en mí, aumentó todavía más, si esto era posible, al percibir el efluvio de unos 10 vampiros más dentro o cerca de la casa. Seguramente entre ellos estaba él que había enviado por mí.
Pude darme cuenta que la batalla estaba perdida, comencé a llorar de nuevo, ¿Qué podía hacer yo ante 11 vampiros? Si ni siquiera estaba segura de poder con sólo uno.
- Un milagro señor, un milagro –supliqué.

Ningún vampiro salió a recibirnos. La expectación me hacía sentir todavía más nerviosa, si tan sólo supiera lo que me iba a suceder, quién y por qué razón había enviado a raptarme, saberlo me ayudaría a planear como actuar, o a terminar de morir de pánico.

Mi raptor continuó su camino, aun conmigo en brazos entró a la casa, y me depositó con extrema delicadeza en el suelo pero sin dejar de envolverme con sus manos. Mantuvo su mano firme en mi vientre, en señal, pensé, de que a la menor provocación la cerraría y acabaría con la vida de mi bebé.

Yo continuaba temblando de pies a cabeza. No lograba ver nada ni a nadie, más que a las paredes de la habitación, desnudas, cubiertas de humedad y plantas trepadoras; del piso roto salían algunas raíces y estaba todo cubierto de tierra y musgo, las ventanas estaban altas y sin cristales ni protecciones, sólo había dos entradas, una puerta rota, grande, que daba hacia el sur, cubierta por espesa maleza y la puerta por donde nosotros habíamos entrado. Nadie había estado ahí en años, nadie humano lógicamente.

Sabía que no estábamos solos, los efluvios desconocidos se percibían en las cercanías y no se habían movido ni un milímetro. Comencé a respirar con dificultad y el vampiro que me tenía prisionera se tensó al escuchar acercarse a alguien.
Tres vampiros cruzaron la puerta de atrás.
Me quedé helada al reconocerla.
Iba flanqueada por dos vampiros, también neófitos; supuse que éstos no me veían con demencia, añorando mi sangre, porque el vampiro detrás de mí, seguía ocultando nuestro olor. Aún así en su mirada se reflejaba la más oscura hostilidad, un estremecimiento me recorrió toda la columna vertebral.
A ella la conocía de sobra, a pesar de que solamente la había visto una vez en mi vida, ya hacía más de seis años.
El pánico casi me hizo perder la razón, porque la recordaba tan bien como recordaba lo que era capaz de hacer.
Ella me sonrió con ese rostro angelical de niña, aun así la sangre se me heló todavía más, y casi pude sentir como dejaba de circular por mis venas.

Instintivamente llevé la mano a mi vientre, sólo para encontrarme con la mano helada que lo apretaba. Temblé casi convulsivamente y el vampiro como reflejo, retiró inmediatamente su mano de mí, pero aun seguía sosteniéndome con la otra por los hombros.
- Renesmee – dijo la vampira en forma de saludo. Su sonrisa era radiante, en verdad, quien hubiera visto la escena desde otra perspectiva hubiera jurado que estaba feliz de verme.
Pero yo no caí en su mentira, sabía perfectamente que sus intenciones no podían ser buenas. Ella era la vampira aterradora, quien había estado presente en la mayoría de mis pesadillas.
Mi cuerpo y todos mis instintos me pedía agazaparme y prepararme para huir o pelear, reaccionaban repeliendo su presencia casi como si tuvieran voluntad propia, por lo que tuve que luchar con todas mis fuerzas para mantener el control.
Sabía que sería la mayor estupidez hacerla enojar. Así que me obligue a responderle el saludo de igual manera, y por supuesto sin mostrar sentimiento alguno, le contesté.
- Jane.